domingo 20 de noviembre de 2011

Las cosas cambian si queremos que cambien...

Cuidado! ¡Casi tocaste ese auto de costado! Me gritó mi padre. "¿Es que no puedes hacer nada bien?"

Esas palabras me dolieron más que un golpe. Volví mi cabeza hacia el anciano sentado en el asiento junto a mí desafiándome a contestarle. Se me hizo un nudo en la garganta, y aparté los ojos. No estaba preparada por otra pelea.

"Yo vi el auto, papá. Por favor, no me grites cuando manejo."
Mi voz fue medida y firme, que sonaba mucho más calmada de lo que realmente me sentía.
Mi padre me miró furioso, después volvió su cabeza y se mantuvo callado. En casa lo dejé enfrente del televisor y fui afuera para componer mis pensamientos. Había oscuras y pesadas nubes en el cielo, prometiendo una lluvia. Un trueno distante retumbó como si fuera el eco de mi agitación interna. ¿Qué puedo hacer con él?
Mi padre había sido leñador en el estado de Washington y en Oregon. Había disfrutado de vivir al aire libre y le gustaba medir su fuerza contra el poder de la naturaleza. Había entrado en agotadoras competiciones de leñadores, y a menudo ganaba. Los estantes de su casa estaban llenos de trofeos que probaban su habilidad.
Pero los años pasaron implacables. La primera vez que no pudo levantar un pesado tronco, hizo una broma sobre eso; pero luego el mismo día lo vi afuera solo, tratando de levantarlo. Se volvió irritable cada vez que alguien le hacía bromas sobre estar envejeciendo, o cuando no podía hacer algo que hacía cuando era joven.
Cuatro días antes de cumplir sesenta y siete años, tuvo un ataque al corazón. Una ambulancia lo llevó al hospital mientras el paramédico le hacía resucitación para mantener la sangre y el oxígeno circulando.
En el hospital, lo llevaron corriendo al cuarto de operaciones. Tuvo suerte, sobrevivió. Pero algo en el interior de papá, murió. El gusto por la vida desapareció. Obstinadamente se negaba a seguir las órdenes del doctor. Las sugerencias y los ofrecimientos de ayuda eran rechazados con sarcasmo e insultos. El número de visitantes disminuyó, y finalmente cesaron. Papá quedó solo.
Mi esposo Dick y yo le pedimos que venga a vivir con nosotros a nuestra pequeña granja. Esperábamos que el aire libre y la atmósfera de granja le ayudaran a ajustar su vida.
Una semana después de venir, ya me arrepentí de la invitación. Nada le parecía satisfactorio. Criticaba todo lo que yo hacía. Me sentí frustrada y deprimida. Pronto me di cuenta que estaba desahogando mi rabia con Dick. Empezamos a discutir y pelear.
Alarmado, Dick buscó al pastor y le explicó la situación. El pastor nos dió citas de consejería para nosotros. Al final de cada sesión, él oraba, pidiendo a Dios que calmara la turbada mente de papá.
Pero los meses pasaban y Dios guardaba silencio. Había que hacer algo y era yo la que lo tenía que hacer.
Al día siguiente me senté con la guía telefónica y llamé a cada una de las clínicas mentales que había en el libro. Expliqué mi problema a cada una de las voces llenas de simpatía que me contestaron. Justo cuando estaba perdiendo la esperanza, una de esas amables voces de repente exclamó, "¡Recién leí algo que podría ayudarla! Déjeme ir a buscar el artículo..."
Escuché mientras ella leía. El artículo describía el sorprendente estudio hecho en una clínica geriátrica. Todos los ancianos pacientes estaban con tratamiento por depresión crónica. En todos ellos sus actitudes mejoraron en forma excepcional cuando se les dio la responsabilidad de cuidar un perro.
Fui a la municipalidad a ver los perros ofrecidos en adopción. Después que llené un formulario, un oficial uniformado me llevó a los corrales de los perros. El olor a los desinfectantes inundó mi nariz cuando entré a las filas de jaulas. Cada una contenía de cinco a siete perros. Los había de pelo largo, enrulado, unos negros y otros con manchas que saltaban, tratando de alcanzarme. Los fui estudiando uno por uno pero los rechacé a todos por distintas razones, demasiado grande, o demasiado chico, o demasiado pelo, etc. Cuando llegué al último corral, un perro desde la esquina más alejada se paró con dificultad, caminó hacia el frente de la jaula y se sentó. Era un pointer, una de las razas aristócratas del mundo de los perros. Pero éste era una caricatura de la raza.
Los años habían puesto en su cara y hocico un poco de gris. Los huesos de sus caderas sobresalían en triángulos desiguales. Pero fueron sus ojos que atraparon mi atención. Calmados y límpidos, me observaban fijamente.
Apuntando al perro, pregunté, ¿Qué me dice de éste? El oficial miró, y sacudió su cabeza, intrigado. "El es un poco raro. Apareció no se sabe de dónde, y se sentó en el portón del frente. Lo entramos, pensando que quizá alguien viniera a reclamarlo. Eso fue hace dos semanas y nadie ha venido. Su tiempo termina mañana". Hizo un gesto, como que no se puede hacer nada.
Mientras las palabras entraban a mi mente, me volví al hombre con horror... "¿Quiere decir que lo van a matar?"
"Señora", dijo dulcemente, "Es el reglamento. No hay lugar para todos los perros que nadie reclama."
Miré al pointer otra vez. Sus calmados ojos marrones esperaban mi decisión. "Lo tomaré", dije. Y manejé hasta casa con el perro sentado en el asiento delantero a mi lado. Cuando llegué a casa, toqué la bocina dos veces. Lo estaba ayudando a bajar del auto cuando papá apareció en el porche del frente... “¡Mira lo que te traje, papá!” dije entusiasmada.
Papá miró, y puso una cara de disgusto. “Si yo quisiera un perro lo hubiera buscado. Y hubiera elegido uno mejor que esta bolsa de huesos. Quédate con él, yo no lo quiero.” Agitó su brazo despectivamente y empezó a caminar hacia la casa.
El enojo creció dentro de mí. Me apretaba los músculos de la garganta y sentía latidos en las sienes. “¡Es mejor que te acostumbres a él, papá, porque se queda con nosotros!”
Papá me ignoró... “¿Me escuchaste, papá?” Grité. A estas palabras papá se volvió enojado, con sus manos apretadas a sus costados, con sus ojos entornados con odio.
Estábamos parados mirándonos fijamente como duelistas, cuando de repente, el pointer se soltó de mi mano. Fue cojeando despacio hasta mi padre y se sentó frente a él. Entonces muy despacio, cuidadosamente, levantó la pata delantera.
La quijada de mi padre tembló mientras se quedó mirando la pata levantada. La confusión reemplazó la ira de sus ojos. El pointer esperaba pacientemente. De pronto, papá estaba arrodillado, abrazando el animal.
Fue el principio de una cálida e íntima amistad. Papá lo llamó Cheyenne. Juntos, él y Cheyenne exploraron el vecindario. Pasaron largas horas caminando por polvorientos caminos. Iban a las orillas de los rápidos ríos, a pescar sabrosas truchas, pasando largos momentos de reflexión. Incluso comenzaron a ir juntos a la iglesia los domingos, mi padre sentado en un banco y Cheyenne echado silencioso a sus pies.
Papá y Cheyenne fueron inseparables a través de los tres años siguientes. La amargura de mi padre se desvaneció, y él y Cheyenne hicieron muchos amigos.
Entonces, una noche, muy tarde, me extrañó sentir la fría nariz de Cheyenne revolviendo nuestras frazadas. Nunca antes había entrado a nuestro dormitorio en la noche. Desperté a Dick, me puse el salto de cama y corrí al cuarto de mi padre. Papá estaba en su cama, con una faz serena. Pero su espíritu se había ido silenciosamente en algún momento durante la noche.

Dos días más tarde, mi dolor se hizo todavía más profundo cuando descubrí a Cheyenne tendido muerto junto a la cama de papá. Envolví su cuerpo en la alfombra sobre la cual siempre había dormido. Mientras Dick y yo lo enterrábamos cerca de su lugar favorito de pesca, le agradecí silenciosamente por la ayuda que me había dado para devolver a mi padre la paz y tranquilidad.

La mañana de funeral de papá amaneció nublada y sombría. Este día se ve de la misma manera que yo me siento, pensé, mientras caminaba hacia la línea de bancos de la iglesia reservados por familia. Estaba sorprendida de ver la cantidad de amigos que papá y Cheyenne habían hecho, que llenaban la iglesia. El pastor comenzó su elogio del difunto. Fue un tributo para papá y para el perro que había cambiado su vida.

Entonces el pastor citó Hebreos 13:2. “No dejes de dar hospitalidad a forasteros, porque haciéndolo, algunos han recibido ángeles sin saberlo.” “Muchas veces he agradecido a Dios por haberme enviado un ángel,” dijo.

Entonces me di cuenta, y el pasado cayó todo en su lugar, completando un rompecabezas que no había visto antes: aquella amable y simpática voz que me leyó aquel artículo sobre el estudio en la clínica geriátrica. La inesperada aparición de Cheyenne en el lugar de los perros para adopción. Su calmada aceptación y completa devoción a mi padre y la proximidad de sus muertes.

Y de repente, comprendí. Me di cuenta que, ciertamente, Dios había contestado mis plegarias en busca de su ayuda.

La vida es muy corta para hacerse dramas por cosas sin importancia, así que:

RÍE CON FUERZA, AMA CON SINCERIDAD Y PERDONA RÁPIDAMENTE. VIVE MIENTRAS ESTÉS VIVO. PERDONA AHORA A AQUELLOS QUE TE HACEN LLORAR. QUIEN SABE SI TENDRÁS UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.

miércoles 12 de octubre de 2011

Este es un ensayo de Viktor Frankl

neurólogo, siquiatra, sobreviviente del holocausto y el fundador de la disciplina que conocemos hoy como logoterapia.


No eres Tú, soy Yo...


¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...


¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:

"Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvariovoluntario para nosotros?

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella...ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.

"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-


la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".
Viktor Frankl





miércoles 31 de agosto de 2011

Pan Tostado. (De entre mis apuntes).

Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche con muchos agregados.

Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro.

Esa noche, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, carne y
pan tostado bastante quemado frente a mi padre.

Recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho.
Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y
preguntarme como había sido mi día en la escuela.

No recuerdo lo que le respondí, pero recuerdo haberlo mirado, untando
el pan con mantequilla y mermelada y comiendo cada bocado.

Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá
disculpándose por haber quemado el pan.

Nunca me olvidé de la respuesta de papá "me encantó el pan quemado".

Mas tarde, aquella noche, cuando le fui a dar un beso de buenas noches
a papá, le pregunté si realmente le había gustado aquel pan quemado.

El me tomó en sus brazos y me dijo:
Compañero, tu madre tuvo un día de trabajo muy pesado y estaba
realmente cansada...
Además de eso, un pan quemado no le hace mal a nadie.

La vida está llena de imperfección y las personas no son perfectas.

Tampoco soy el mejor marido, el mejor empleado o cocinero, tal vez ni
siquiera el mejor padre, aunque intente serlo todos los días.

He aprendido a través de los años, que saber aceptar las fallas ajenas, intentando minimizar las diferencias entre unos y otros, es una de las llaves más importantes para crear relacionamientos saludables y duraderos.
Desde que tu madre y yo nos unimos, aprendimos los dos a suplir uno las fallas del otro.

Yo se cocinar muy poco, pero aprendí a dejar la olla de aluminio
reluciente.

Ella no sabe usar el taladro, pero después de mis arreglos, ella hace que todo quede limpio y perfumado.

Yo no se hacer una lasaña como ella lo hace, pero ella no sabe asar una carne como yo
lo hago.

Yo nunca supe hacerte dormir, pero conmigo tu tomas un baño rápido y sin reclamar.

La suma de nosotros crea el mundo que te recibió y te apoya, ella y yo nos complementamos.
Nuestra familia debe aprovechar este nuestro universo mientras estemos los dos presentes.

No es verdad que mas tarde, el día que uno de los dos parta, este mundo se va a desmoronar,de ninguna manera.

Nuevamente tendremos que aprender a adaptarnos para hacer lo mejor.

De hecho, podríamos extender esta lección para cualquier tipo de relación, entre marido y mujer, entre padre e hijos, entre hermanos, entre colegas, con amigos y también en el ambiente profesional.

Entonces hijo, esfuérzate para ser siempre tolerante, principalmente con quien dedica su precioso tiempo de vida a ti y al prójimo

Las personas se olvidarán de lo que le hagas, o de lo que le digas.

Pero nunca se olvidarán el modo en el cual las hiciste sentir.

sábado 23 de julio de 2011

Aceptarme







Comienza aceptando que te falta mucho para llegar a la perfección
pero que no tienes que parecerte a nadie.
Cuando por fin lo aceptes comenzarás a ser tú.

No es fácil ser o querer ser buenos en todo, nadie lo es,
pero poco a poco lograrás liberar tus cargas.
Ya no tendrás que callar cuando lo único que deseas es hablar.
Nadie te podrá ordenar lo que tú no desees hacer.

Protégete, pues tienes gran valor.
Nunca permitas que nadie te diga algo destructivo de ti.
Di NO a quienes te hacen mal,
ignórales, tú puedes con todo.

Siempre habrá personas que te llevan la contraria,
que se te acerquen con palabras destructivas y contrarias
a tu felicidad,
personas a las que si escuchas te podrán hacer sentir poca cosa.
Pero tú debes ser fuerte, siempre sabiendo que no es así,
tú eres importante porque tu interior te lo hace florecer.

Nunca digas que alguien es mejor que tú,
todas las comparaciones son odiosas.
No dejes que las personas que no son buenas
para tu bienestar entren a tu vida, no se lo permitas.
Así como desechas la basura,
de la misma manera desecha lo que te hace mal.
No necesitas malas personas,
rodéate de la gente que da amor sin pedir nada a cambio,
personas que te quieren aun sin saber quien eres.
Las personas que nunca has visto
entran a tu vida con un propósito,
y merecías conocerlas para tu propio bienestar.

Apártate de las personas ruidosas,
son las que menos aportarán a tu vida,
supone un gran cansancio tenerlas de amigas.
Huye de esa clase de gente,
son muy ruidosas porque no tienen nada que decir y
la única manera que tienen de hacerse notar es GRITANDO.
Están vacías y sus vidas amargadas.
¡Aléjate de esa clase de personas!

Deja entrar el OPTIMISMO en tu vida.
No sigas pensando en las cosas que no salieron bien,
olvídate de lo malo,
sólo así podrá entrar lo bueno en tu vida.

No permitas que la vida o el estrés diario arruine un bello día,
si tú estás mal, todo está mal, incluso tu rostro lo reflejará.
No te dejes abatir con lo negativo, bórralo de ti y sonríe,
eso te hará una persona nueva, te verás de otra manera.

Siempre piensa que el día de hoy no se repetirá y
de ti depende como tomarlo, si la gente te ve feliz y
con seguridad en ti mismo, alejarás las cosas malas de ti.

Iintenta acercarte a las personas
que te aportan buenas vibraciones.
Busca también dedicar un tiempo sólo para ti, unos minutos,
una media hora y respira con el pensamiento interno
diciéndote a ti misma:
“Le pese a quien le pese, yo puedo y seré feliz.”

Ámate, mímate… ¡tú eres lo primero!
Siempre ten en cuenta que lo principal eres tú.
Debes amarte, quererte mucho, mimarte… ¡Confía en ti!

Decídelo: Nadie ni nada te volverá a pisotear,
ya no eres quien ayer fuiste, hoy eres otra persona,
alguien que tiene seguridad en si mismo, que se sabe bueno,
que busca las cosas positivas de la vida y
le da la espalda a todo lo negativo... ¡Eres tú!

Ríe todas las veces que tengas que reír.
La risa es una medicina muy buena;
el buen humor te hace jovial y
te ayuda a ver la vida con mejor actitud.
Las lágrimas nunca desaparecen de nuestras vidas,
pero a veces son necesarias porque limpian
las heridas que llevamos y son buena para el alma.

Si quieres llorar, hazlo…
Luego sacúdete y sigue adelante pensando que serás
de lo mejor que hay y que te mereces todo.

Eso no es algo que se encuentre en los libros,
revistas ni en palabras como estas que en estos momentos lees:
Eso es algo que está DENTRO DE TI.

Y repite estas palabras:
“NO ME VERÁS DE RODILLAS, YA NO…
Ahora caminaré de forma segura por la vida e
iré solucionando los problemas a medida que lleguen.
Viviré mi vida a tope.
Ahora ALEJO LO MALO PARA QUE LO BUENO SE ME ACERQUE.”

Estas deben ser tus metas de cada día:

MEREZCO todo lo que es bueno.
ELIJO estar en paz conmigo misma.
ESCOJO sentirme bien conmigo misma.
Me sentiré completo, nadie me dirá la contrario.
Sé que soy tengo un gran valor y quien desee estar
conmigo deberá saberlo también,
no busco ni acepto cualquier cosa.
Quiero para mi vida LO MEJOR.
¡ME LO MEREZCO!


Que tengan un hermoso fin de semana

Los quiero

besitos y un abrazo a la distancia

CAZADORA

viernes 10 de junio de 2011

Apariencias o realidades

Pasaba por el parque cuando la vi. Esa anciana solitaria y -deduje por sus ropas de escasos recursos tenía algo que últimamente escasea: clase. Una especie de innata delicadeza en sus gestos. Esa dignidad, que no tiene nada que ver con ser ilustrado o analfabeto ni haber ido a colegio de pago ni nada por el estilo, la convertía en un ser bello, capaz de traspasar las inclemencias de la edad hasta situarla en un pedestal.

Lo que me llevó a fijarme en ella fue algo tan sutil que quizá a ustedes les parezca exagerado: la forma como lanzaba migas de pan a las palomas. Aquellas manos largas, de venas prominentes forrando unos huesos a punto de romperse, llevaban música. Una cadencia a cámara lenta de una belleza impresionante.

Empecé a fantasear con la historia de su vida.

Tal vez fuera una superviviente de la Guerra Civil; o una aristócrata que perdió sus títulos en alguna esquina; o una mujer que jamás encontró el amor; o quizá alguien extraviado, víctima de una enfermedad mental; o lo más probable, una abuela abandonada.

Un niño se acercó a la mujer y recostó su cabeza sobre su regazo. Ella, con la misma cadencia con que había lanzado las migas de pan, empezó a acariciar sus cabellos. ¡Abuela! -gritó otra niña al verla y se soltó de la mano de su madre para ir a su encuentro-. La anciana abrió sus brazos para recibirla y, al darse cuenta de que la observaba, me sonrió. Entonces me pregunté por qué a veces nos precipitamos en emitir juicios, si tantas veces las apariencias engañan.

domingo 8 de mayo de 2011

~ Alegria ~‏












La alegría conquista los corazones.





Ella permite que veamos un lado de la vida





bastante diferente de lo cotidiano.
Nos permite ver colores en un cuadro blanco





y negro y ver un cielo azul,





aún en un día lleno de nubes.
Cuando tengo un problema,





es la alegría que me permite ser creativo





para descubrir una solución a esto.





Y cuando otros tienen un problema,
es la alegría que me permite no





involucrarme en el problema,





sino enfocarme en la solución .





Que tengan un hermoso inicio de semana





besitos y un abrazo a la distancia





de su amiga





CAZADORA