Cuenta una leyenda de los indios sioux que, cierta vez, Toro Bravo y Nube Azul llegaron tomados de la mano a la tienda del viejo hechicero de la tribu y le pidieron:.
Nosotros nos amamos y vamos a casarnos.
Pero nos amamos tanto que queremos un consejo que nos garantice estar para siempre juntos, que nos asegure estar uno al lado del otro hasta la muerte.
¿Hay algo que podamos hacer?.
Y el viejo, emocionado al verlos tan jóvenes, tan apasionados y tan ansiosos por una palabra, les dijo:.
Hacer lo que pueda ser hecho, aunque sean tareas muy difíciles.
Tu, Nube Azul, debes escalar el monte al norte de la aldea solo con una red, cazar el halcón más fuerte y traerlo aquí, con vida, hasta el tercer día después de la luna llena.
Y tú, Toro Bravo, debes escalar la montaña del trueno; allá encima encontrarás a las mas brava de todas las águilas.
Solamente con una red deberás agarrarla y traerla para mí, viva!.
Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron para cumplir con la misión.
El día fijado, enfrente a la tienda del hechicero, los dos esperaban con las aves.
El viejo las sacó de las bolsas y constató que eran verdaderamente hermosos ejemplares de los animales que él les había pedido.
Y ahora, qué debemos hacer? Los jóvenes le preguntaron.
Tomen las aves y amárrenlas una a otra por las patas con esas cintas de cuero. Cuando estén amarradas, suéltenlas para que vuelen, libres.
Ellos hicieron lo que les fue ordenado y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron volar, pero apenas consiguieron dar pequeños saltos por el terreno.
Minutos después, irritadas por la imposibilidad de volar, las aves comenzaron a agredirse una a otra, picándose hasta lastimarse.
Entonces, el viejo dijo:.
Jamás se olviden lo que están viendo.
Y este es mi consejo: Ustedes son como el águila y el halcón.
Si estuvieran amarrados uno al otro, aunque fuera por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino también, mas tarde o mas temprano, comenzarán a lastimarse uno al otro.
Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos, pero jamás amarrados.
Libera a la persona que amas para que ella pueda volar con sus propias alas.
Esta es una verdad en el matrimonio y también en las relaciones familiares, amistades y profesionales.
Respeta el derecho de las personas de volar rumbo a sus sueños.
La lección principal es saber que solamente libres las personas son capaces de amar
jueves, 27 de agosto de 2009
lunes, 24 de agosto de 2009
Lo que nos enseña el tiempo

CON EL TIEMPO
(Jorge Luis Borges)
"Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia entre
sostener una mano y encadenar un alma,
que el amor no significa acostarse
y una relación no significa seguridad;
y uno empieza a aprender
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas;
y uno empieza a aceptar
sus derrotas con la cabeza alta
y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una
forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito
del sol quema.
Que hay que plantar su
propio jardín y decorar su propia alma,
en lugar de esperar a
que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente
puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno vale, y con cada día...
uno aprende.
Con el tiempo aprendes
que estar con alguien
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano
querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes
que sólo quien es capaz
de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte,
puede brindarte toda
la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que
si estás al lado de esa persona
sólo por compañía a tu soledad,
irremediablemente acabarás
no deseando volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta
de que los amigos verdaderos
valen mucho más que
cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los
verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos
tarde o temprano se verá rodeado sólo
de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las
palabras dichas en un momento
de ira pueden seguir lastimando
a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que
disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes
que si has herido a un
amigo duramente, muy probablemente
la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta
de que cada experiencia vivida
con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de
que el que humilla o desprecia
a un ser humano tarde o temprano
sufrirá las mismas humillaciones
o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que
apresurar las cosas o forzarlas
a que pasen ocasionará que
al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que
en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo
justo en ese instante.
Con el tiempo verás
que aunque seas feliz
con los que están a tu lado,
añorarás terriblemente a los que
ayer estaban contigo y
ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás
que intentar perdonar
o pedir perdón,
decir que amas,
decir que extrañas,
decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo,
ante una tumba ya
no tiene ningún sentido. "
martes, 18 de agosto de 2009
SIN AMOR.
La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
El éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor te hace servil.
La pobreza sin amor, te hace orgulloso.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La autoridad sin amor, te hace tirano.
El trabajo sin amor, te hace esclavo.
La simplicidad sin amor, te quita valor.
La oración sin amor, te hace introvertido.
La ley sin amor, te esclaviza.
La política sin amor, te hace egoísta.
La fe sin amor te deja fanático.
La cruz sin amor se convierte en tortura.
LA VIDA SIN AMOR... NO TIENE SENTIDO......…
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
El éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor te hace servil.
La pobreza sin amor, te hace orgulloso.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La autoridad sin amor, te hace tirano.
El trabajo sin amor, te hace esclavo.
La simplicidad sin amor, te quita valor.
La oración sin amor, te hace introvertido.
La ley sin amor, te esclaviza.
La política sin amor, te hace egoísta.
La fe sin amor te deja fanático.
La cruz sin amor se convierte en tortura.
LA VIDA SIN AMOR... NO TIENE SENTIDO......…
lunes, 17 de agosto de 2009
¡Soy una persona mayor!
Constantemente se critica a las personas mayores por no adaptarse al mundo moderno.
Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.
No obstante, después de una serena meditación, nos gustaría señalar que, a pesar de haber llevado el pelo largo, de haber vivido una revolución sexual, de habernos revelado contra ciertos valores tradicionales y de haber bailado con Los Beatles
y los Rolling Stones….
NO fuimos nosotros los que eliminamos:
La melodía de la música,
El talento y el ingenio de las creaciones artísticas,
La buena voz a la hora de cantar,
El orgullo por nuestra apariencia exterior,
La cortesía al conducir,
El romance en las relaciones amorosas,
El compromiso de la pareja,
La responsabilidad de la paternidad,
La unión de la familia,
El aprendizaje y gusto por la cultura,
El sentimiento de patriotismo,
El rechazo a la vulgaridad y la grosería,
NO fuimos nosotros los que eliminamos:
La escena de la Navidad de las escuelas y ciudades,
El buen comportamiento intelectual,
El refinamiento del lenguaje,
La dedicación a la literatura,
La prudencia a la hora de gastar,
La ambición por lograr ser alguien en la vida
Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno, de las escuelas de los hospitales y de nuestra vida.
El respeto a los demás. A las mujeres y ancianos, y por supuesto que no somos los que eliminamos la paciencia y la tolerancia de nuestras relaciones personales ni de nuestras interacciones con los demás.
¡En efecto, ya soy una persona mayor!
Pero todavía puedo animar una fiesta... incluso si sólo resisto hasta las 12 pm.
Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba de niños aunque tenga que usar un martillo.
Todavía me acuerdo de llegar a mi casa a una hora y en forma adecuada.
Todavía duermo como un bebé en las noches...
aunque al otro día el cuerpo demore en permitir que me levante.
Pero todavía puedo reírme de las críticas...
aunque a veces no pueda oír bien lo que dicen de mí.
Todavía soy muy bueno contando historias o chistes… aunque las repita varias veces.
Pero no creas que me he vuelto peleador, cascarrabias ni intransigente…
Simplemente que tengo edad para decir que hay cosas que ya no me gustan…
Ya no me gusta la congestión de tráfico, ni las muchedumbres, ni la música alta,
ni los niños gritones, ni los perros que ladran, ni ciertos políticos que engañan,
ni tantas otras cosas que ahora no recuerdo.
Pero sí deseo seguir disfrutando de mi vida, la vida que Dios me ha regalado.
Eso si respetando a los demás y que los demás me respeten a mi.
No obstante, ahora no recuerdo si ya habìa puesto esto en el blog.
Si fue asì, disculpen.
Total... ¡qué importa!
Seguro que alguno de ustedes también se puso flores en la cabeza, entonó canciones de protesta, hizo algunas cosas no tan santas y se destornilló bailando con Los Beatles y los Rolling Stones, como yo.
Sólo las personas mayores pueden entender esto de estar escribiendo mensajes y chistes pesados en el blog casi todos los días.
Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.
No obstante, después de una serena meditación, nos gustaría señalar que, a pesar de haber llevado el pelo largo, de haber vivido una revolución sexual, de habernos revelado contra ciertos valores tradicionales y de haber bailado con Los Beatles
y los Rolling Stones….
NO fuimos nosotros los que eliminamos:
La melodía de la música,
El talento y el ingenio de las creaciones artísticas,
La buena voz a la hora de cantar,
El orgullo por nuestra apariencia exterior,
La cortesía al conducir,
El romance en las relaciones amorosas,
El compromiso de la pareja,
La responsabilidad de la paternidad,
La unión de la familia,
El aprendizaje y gusto por la cultura,
El sentimiento de patriotismo,
El rechazo a la vulgaridad y la grosería,
NO fuimos nosotros los que eliminamos:
La escena de la Navidad de las escuelas y ciudades,
El buen comportamiento intelectual,
El refinamiento del lenguaje,
La dedicación a la literatura,
La prudencia a la hora de gastar,
La ambición por lograr ser alguien en la vida
Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno, de las escuelas de los hospitales y de nuestra vida.
El respeto a los demás. A las mujeres y ancianos, y por supuesto que no somos los que eliminamos la paciencia y la tolerancia de nuestras relaciones personales ni de nuestras interacciones con los demás.
¡En efecto, ya soy una persona mayor!
Pero todavía puedo animar una fiesta... incluso si sólo resisto hasta las 12 pm.
Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba de niños aunque tenga que usar un martillo.
Todavía me acuerdo de llegar a mi casa a una hora y en forma adecuada.
Todavía duermo como un bebé en las noches...
aunque al otro día el cuerpo demore en permitir que me levante.
Pero todavía puedo reírme de las críticas...
aunque a veces no pueda oír bien lo que dicen de mí.
Todavía soy muy bueno contando historias o chistes… aunque las repita varias veces.
Pero no creas que me he vuelto peleador, cascarrabias ni intransigente…
Simplemente que tengo edad para decir que hay cosas que ya no me gustan…
Ya no me gusta la congestión de tráfico, ni las muchedumbres, ni la música alta,
ni los niños gritones, ni los perros que ladran, ni ciertos políticos que engañan,
ni tantas otras cosas que ahora no recuerdo.
Pero sí deseo seguir disfrutando de mi vida, la vida que Dios me ha regalado.
Eso si respetando a los demás y que los demás me respeten a mi.
No obstante, ahora no recuerdo si ya habìa puesto esto en el blog.
Si fue asì, disculpen.
Total... ¡qué importa!
Seguro que alguno de ustedes también se puso flores en la cabeza, entonó canciones de protesta, hizo algunas cosas no tan santas y se destornilló bailando con Los Beatles y los Rolling Stones, como yo.
Sólo las personas mayores pueden entender esto de estar escribiendo mensajes y chistes pesados en el blog casi todos los días.
sábado, 15 de agosto de 2009
Que es virtu@l?
Cierto día entré apurado y con mucho apetito a un restaurante.
Escogí una mesa bien alejada del movimiento, porque quería aprovechar los pocos minutos que tenía ese día, utilizarlos para comer y concretar algunas ideas de programación, de un sistema que estaba desarrollando, además tenía ganas de planear mis vacaciones, que desde hace mucho tiempo no sé lo que son.
Pedí un filet de salmón con alcaparras en manteca, ensalada con jugo de naranja, pues al final de cuenta hambre es hambre y régimen es régimen, no?
Abrí mi notebook y al mismo instante me llevé un susto con aquella voz bajita detrás de mí:
-Señor, me da unas monedas?
- No tengo, pequeño.
- Solo una monedita para compar un pan.
- Está bien, yo te compro uno.
Para variar, mi casilla de correos estaba llena de e-mails.
Quedé distraído leyendo poesías, lindos mensajes, riendo de esas locas bromas.
Ahhh! Esa música me llevaba a Londres, recordando un hermoso tiempo pasado.
- Señor, pida que le pongan al pan manteca y queso también!
Ahí me doy cuenta que el pequeño estaba a mi lado. - OK, pero después me dejas trabajar, estoy muy ocupado, de acuerdo?
Llegó mi comida y con ella la realidad.
Hago el pedido del pequeño, y el mozo me pregunta si quiero que el niño sea retirado.
Mi cargo de conciencia me impide tomar una decisión, y digo “no, está todo bien”.
- Déjelo que se quede. Traiga el pan y una comida decente para él.
Entonces el niño se sentó frente a mí y preguntó:
- Señor qué está haciendo?
- Estoy leyendo e-mails.
- Y qué son e-mails?
Son mensajes electrónicos enviados por personas vía Internet.
Sabía que él no iría a entender nada, y para evitar mayores cuestionamientos dije:
- Es como si fuese una carta, solo que se envía por Internet.
- Señor, usted tiene Internet?
- Sí tengo, es escencial en el mundo actual.
- Y qué es Internet?
- Es un lugar en la computadora donde podemos ver y oir muchas cosas, noticias, música, conocer personas, leer, escribir, soñar, trabajar, aprender. Tiene todo pero en un mundo virtual.
- Y qué es lo virtual?
Decido dar una explicación simplificada, con la certeza de que él poco va a entender, y me va a librar para comer mi almuerzo, sin culpa.
- Virtual es un lugar que imaginamos, algo que no podemos tocar, alcanzar.
Un lugar en el que creamos un montón de cosas que nos gustaría hacer.
Creamos nuestras fantasías, transformamos el mundo en casi como quisiéramos que fuese.
- Qué bueno, me gustó! ! !
- Pequeño, entendiste lo que es virtual?
- Si señor, yo también vivo en este mundo virtual.
- Y tú tienes computadora?
- No, pero mi mundo también es de ese estilo,... Virtual!!.
Mi madre pasa todo el día fuera, llega muy tarde y casi que no la veo.
Yo paso cuidando a mi hermano pequeño que vive llorando de hambre, y le doy agua para que el piense que es sopa.
Mi hermana mayor sale todo el día, dice que va a vender su cuerpo, pero yo no entiendo, pues ella vuelve siempre con su cuerpo.
Mi padre está en la cárcel hace mucho tiempo.
Y yo siempre imagino a toda la familia junta en casa, mucha comida, muchos juguetes en Navidad, y yo yendo a la escuela para ser un gran médico algún día.
- Esto no es virtual, señor?
Cerré mi notebook, no antes de que mis lágrimas cayeran sobre el teclado.
Esperé a que el niño terminase literalmente de “devorar” su plato, pagué la cuenta y di el cambio al pequeño, que me retribuyó con una de las mas bellas y sinceras sonrisas que jamás había recibido en mi vida, y además con un “Gracias señor, usted es un maestro!”.
Ahí, en ese instante, tuve la mayor prueba de virtualismo insensato en que vivimos todos los días, en cuanto a la cruel realidad rodeada de verdad, y hacemos de cuenta que no la percibimos!
Escogí una mesa bien alejada del movimiento, porque quería aprovechar los pocos minutos que tenía ese día, utilizarlos para comer y concretar algunas ideas de programación, de un sistema que estaba desarrollando, además tenía ganas de planear mis vacaciones, que desde hace mucho tiempo no sé lo que son.
Pedí un filet de salmón con alcaparras en manteca, ensalada con jugo de naranja, pues al final de cuenta hambre es hambre y régimen es régimen, no?
Abrí mi notebook y al mismo instante me llevé un susto con aquella voz bajita detrás de mí:
-Señor, me da unas monedas?
- No tengo, pequeño.
- Solo una monedita para compar un pan.
- Está bien, yo te compro uno.
Para variar, mi casilla de correos estaba llena de e-mails.
Quedé distraído leyendo poesías, lindos mensajes, riendo de esas locas bromas.
Ahhh! Esa música me llevaba a Londres, recordando un hermoso tiempo pasado.
- Señor, pida que le pongan al pan manteca y queso también!
Ahí me doy cuenta que el pequeño estaba a mi lado. - OK, pero después me dejas trabajar, estoy muy ocupado, de acuerdo?
Llegó mi comida y con ella la realidad.
Hago el pedido del pequeño, y el mozo me pregunta si quiero que el niño sea retirado.
Mi cargo de conciencia me impide tomar una decisión, y digo “no, está todo bien”.
- Déjelo que se quede. Traiga el pan y una comida decente para él.
Entonces el niño se sentó frente a mí y preguntó:
- Señor qué está haciendo?
- Estoy leyendo e-mails.
- Y qué son e-mails?
Son mensajes electrónicos enviados por personas vía Internet.
Sabía que él no iría a entender nada, y para evitar mayores cuestionamientos dije:
- Es como si fuese una carta, solo que se envía por Internet.
- Señor, usted tiene Internet?
- Sí tengo, es escencial en el mundo actual.
- Y qué es Internet?
- Es un lugar en la computadora donde podemos ver y oir muchas cosas, noticias, música, conocer personas, leer, escribir, soñar, trabajar, aprender. Tiene todo pero en un mundo virtual.
- Y qué es lo virtual?
Decido dar una explicación simplificada, con la certeza de que él poco va a entender, y me va a librar para comer mi almuerzo, sin culpa.
- Virtual es un lugar que imaginamos, algo que no podemos tocar, alcanzar.
Un lugar en el que creamos un montón de cosas que nos gustaría hacer.
Creamos nuestras fantasías, transformamos el mundo en casi como quisiéramos que fuese.
- Qué bueno, me gustó! ! !
- Pequeño, entendiste lo que es virtual?
- Si señor, yo también vivo en este mundo virtual.
- Y tú tienes computadora?
- No, pero mi mundo también es de ese estilo,... Virtual!!.
Mi madre pasa todo el día fuera, llega muy tarde y casi que no la veo.
Yo paso cuidando a mi hermano pequeño que vive llorando de hambre, y le doy agua para que el piense que es sopa.
Mi hermana mayor sale todo el día, dice que va a vender su cuerpo, pero yo no entiendo, pues ella vuelve siempre con su cuerpo.
Mi padre está en la cárcel hace mucho tiempo.
Y yo siempre imagino a toda la familia junta en casa, mucha comida, muchos juguetes en Navidad, y yo yendo a la escuela para ser un gran médico algún día.
- Esto no es virtual, señor?
Cerré mi notebook, no antes de que mis lágrimas cayeran sobre el teclado.
Esperé a que el niño terminase literalmente de “devorar” su plato, pagué la cuenta y di el cambio al pequeño, que me retribuyó con una de las mas bellas y sinceras sonrisas que jamás había recibido en mi vida, y además con un “Gracias señor, usted es un maestro!”.
Ahí, en ese instante, tuve la mayor prueba de virtualismo insensato en que vivimos todos los días, en cuanto a la cruel realidad rodeada de verdad, y hacemos de cuenta que no la percibimos!
El intruso...
Unos cuantos años después que yo nací, mi padre conoció a un extraño en nuestra pequeña población en mi país.
Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este recién llegado encantador personaje, y enseguida le invitó a que viviera con nuestra familia.
El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros.
Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia, en mi mente joven ya tenía un lugar muy especial.
Mis padres eran instructores complementarios: Mí mamá me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi papá me enseñó a obedecer.
Pero el extraño era nuestro narrador.
Nos mantenía hechizados por horas al extremo con aventuras, misterios y comedias.
Si yo quería saber cualquier cosa de política, historia o ciencia, siempre sabía las contestaciones sobre el pasado.
¡Conocía del presente y hasta podía predecir el futuro!
Llevó a mi familia al primer juego de las ligas mayores de futbol.
Me hacia reír, y me hacia llorar.
El extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi mamá se levantaba temprano y callada, mientras que el resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, pero ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad.
(Ahora me pregunto si ella habría rezado alguna vez, para que el extraño se fuera).
Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas.
Las blasfemias, por ejemplo, no fueron permitidas en nuestra casa... No de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualesquier visitante.
Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba pronunciar la palabra esa HP que quemaban mis oídos e hicieron que mi papá se retorciera y mi madre se ruborizara.
Mi papá nunca nos dio permiso para usar alcohol de manera liberal.
Pero el extraño nos animó a intentarlo sobre una base regular.
Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los cigarros y las pipas se vieran distinguidas.
Hablaba libremente (demasiado) sobre sexo.
Sus comentarios eran a veces evidentes, a veces sugestivos, y generalmente vergonzosos.
Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo reprendieron y raramente le hizo caso a los valores de mis padres y NUNCA le pidieron que se fuera.
Más de cincuenta años han pasado desde que el extraño se mudó con nuestra familia.
Desde entonces ha cambiado mucho y ya no es casi tan fascinante como era al principio.
No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la guarida de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando a alguien para que escuchara sus charlas y para verlo dibujar sus cuadros. ¿Su nombre? ¡Nosotros lo llamamos televisor! ¡Ahora tiene una esposa que le llaman Computadora y un hijo que le llaman Celular!
Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este recién llegado encantador personaje, y enseguida le invitó a que viviera con nuestra familia.
El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros.
Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia, en mi mente joven ya tenía un lugar muy especial.
Mis padres eran instructores complementarios: Mí mamá me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi papá me enseñó a obedecer.
Pero el extraño era nuestro narrador.
Nos mantenía hechizados por horas al extremo con aventuras, misterios y comedias.
Si yo quería saber cualquier cosa de política, historia o ciencia, siempre sabía las contestaciones sobre el pasado.
¡Conocía del presente y hasta podía predecir el futuro!
Llevó a mi familia al primer juego de las ligas mayores de futbol.
Me hacia reír, y me hacia llorar.
El extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi mamá se levantaba temprano y callada, mientras que el resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, pero ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad.
(Ahora me pregunto si ella habría rezado alguna vez, para que el extraño se fuera).
Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas.
Las blasfemias, por ejemplo, no fueron permitidas en nuestra casa... No de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualesquier visitante.
Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba pronunciar la palabra esa HP que quemaban mis oídos e hicieron que mi papá se retorciera y mi madre se ruborizara.
Mi papá nunca nos dio permiso para usar alcohol de manera liberal.
Pero el extraño nos animó a intentarlo sobre una base regular.
Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los cigarros y las pipas se vieran distinguidas.
Hablaba libremente (demasiado) sobre sexo.
Sus comentarios eran a veces evidentes, a veces sugestivos, y generalmente vergonzosos.
Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo reprendieron y raramente le hizo caso a los valores de mis padres y NUNCA le pidieron que se fuera.
Más de cincuenta años han pasado desde que el extraño se mudó con nuestra familia.
Desde entonces ha cambiado mucho y ya no es casi tan fascinante como era al principio.
No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la guarida de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando a alguien para que escuchara sus charlas y para verlo dibujar sus cuadros. ¿Su nombre? ¡Nosotros lo llamamos televisor! ¡Ahora tiene una esposa que le llaman Computadora y un hijo que le llaman Celular!
martes, 11 de agosto de 2009
Fatiga de libertad
Poder elegir es el fruto fresco y maduro de la libertad. Cuando podemos contestar o callar, decidir o ignorar, aceptar o rechazar sin estar sometidos a presiones o coacciones, estamos activando nuestra responsabilidad y dignidad como seres humanos: estamos eligiendo en libertad.
No fue fácil el camino. La historia transpira, suda y rezuma dominaciones, esclavitudes, exterminios, humillaciones y mil y una maldades que aún hoy logran su triunfo por el sometimiento intelectual e incluso físico. Los enanos mentales borrachos de poder siguen siendo los enemigos máximos de la libertad.
Las sociedades realmente libres se detectan con rapidez porque viven envueltas en una permanente multiplicidad de ideas, pensamientos y cosas. Hay ofertas de estilos de vida y de cama, de creencias y agnosticismos, de banderas y paños de lágrimas, de himnos sin letra y palabras sin música, hipotecas y alquileres, vuelos lejanos y atascos próximos, vitaminas y anemias, universidades y discotecas. Sobra de todo porque la libertad siempre provoca la multiplicidad.
La libertad huele a oferta. Ya no hay un solo camino, porque la libertad te sitúa constantemente en una cumbre desde la que puedes volar en cualquier dirección. Ya no hay imposición ajena, porque reclama tu constante raciocinio sin maldad para que ejerzas tu poder de pensar y elegir.
Por eso, a veces la libertad fatiga. Pero su ausencia siempre mata.
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